17 octubre, 2026

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Los once años que Neto Coppel dedicó a crear un jardín frente al mar

Los once años que Neto Coppel dedicó a crear un jardín frente al mar

*  El empresario mazatleco transformó la cima del Cerro del Vigía en un jardín de inspiración neoclásica que trascendió el ámbito privado y quedó documentado en el libro Jardines de México.

CIUDAD DE MÉXICO, 15 de octubre de 2026.– Antes de que la cima del Cerro del Vigía, en Mazatlán, se convirtiera en el escenario de uno de sus proyectos personales más singulares, había un terreno inclinado frente al mar. Ernesto Coppel Kelly, conocido como “Neto Coppel”, vio en ese espacio la posibilidad de crear algo distinto, un jardín donde la arquitectura, la vegetación y el paisaje convivieran en armonía.

La idea comenzó a tomar forma en 1983 y requirió alrededor de once años de trabajo. Sobre una superficie cercana a una hectárea, el empresario desarrolló el Parque del Vigía, un proyecto de inspiración neoclásica que refleja una faceta menos conocida de su personalidad, su pasión por la jardinería y su interés por transformar una idea en una obra tangible, sin importar el tiempo que llevara conseguirlo.

“Le puse toda mi pasión por la jardinería. Fueron once años de trabajar, imaginar y cuidar cada detalle para convertir aquel terreno en un lugar especial”, recuerda Neto Coppel.

El resultado fue un jardín concebido para dialogar con el entorno natural de Mazatlán. Un pabellón con columnas dóricas, dos fuentes y tres esculturas formaban parte de la composición, acompañados por cientos de cipreses italianos, palmas reales, cocoteras y diversas especies florales. La pronunciada pendiente del terreno y su ubicación frente al océano representaron un reto que exigió planeación, paciencia y atención constante.

El proyecto también requirió resolver aspectos prácticos para mantener la vegetación y conservar el espacio. Entre sus instalaciones destacaba una cisterna con capacidad aproximada de 100 mil litros de agua, muestra de la infraestructura necesaria para sostener un jardín de esas dimensiones.

El Parque del Vigía trascendió la experiencia personal de su creador al quedar documentado en Jardines de México, publicación de 1993 vinculada al trabajo de Antonio Haas y Nicolás Sapieha, este último responsable de las fotografías. La obra reunió ejemplos representativos del paisajismo mexicano y dio cuenta de espacios cuya riqueza iba más allá de sus dimensiones o especies vegetales.

La inclusión del jardín en esta publicación constituye un registro de aquel proyecto y de una manera particular de entender la creación de espacios verdes, no como un ejercicio inmediato de decoración, sino como un proceso que combina diseño, conocimiento, sensibilidad y tiempo.

Aunque años después el Parque del Vigía dejó de pertenecer a Neto Coppel, su historia permanece como parte de su trayectoria personal en Mazatlán. A diferencia de los proyectos empresariales que suelen medirse en inversión, crecimiento o resultados, este jardín tuvo también una dimensión íntima, la satisfacción de imaginar, construir y cuidar un espacio a lo largo de más de una década.

“Un jardín no se construye de un día para otro. Hay que aprender a esperar, observar cómo crecen las plantas y entender que la naturaleza siempre termina poniendo su propio sello”, comenta.

La historia del Parque del Vigía permite descubrir otra perspectiva de Ernesto Coppel Kelly, reconocido por su trayectoria en el desarrollo turístico de México. Detrás del empresario acostumbrado a emprender y construir proyectos de gran escala, también está el hombre que encontró en la jardinería una forma de expresión, experimentación y contacto con la naturaleza.

Once años de trabajo dieron forma a aquel jardín frente al Pacífico. Su historia recuerda que algunas de las obras más personales no nacen de una estrategia de negocios ni de la búsqueda de reconocimiento, sino de una pasión que encuentra en el tiempo y la dedicación su mejor manera de florecer.